LEONARD BERNSTEIN

 


 Louis Bernstein, conocido artísticamente como Leonard Bernstein, nació el 25 de agosto de 1918 en  Lawrence (Massachusetts). Compositor judío estadounidense. 



A pesar de ser Louis su nombre de nacimiento su familia siempre le llamó Leonard o Lenny, como se rebautizó oficialmente a sí mismo cuando tenía 16 años. Su padre, Sam Bernstein, era un inmigrante ruso que en su país natal, Ucrania estaba destinado a convertirse en rabino. Pero una vez llegado e instalado en el Lower East Side de Nueva York, el Bernstein mayor consiguió un trabajo como limpiador de pescado. Con el tiempo pasó a barrer los pisos de la barbería de su tío Henry y luego obtuvo un puesto almacenando pelucas para un distribuidor. Con el tiempo construyó un rentable negocio de distribución de productos de belleza. Leonard creció entendiendo que el negocio y el éxito eran de suma importancia, y "ocupaciones" en el campo de la música y el arte estaban simplemente fuera de los límites. A la edad de 10 Leonard tocó por primera vez un piano. Su tía Clara estaba pasando por un divorcio y necesitaba un lugar para almacenar su piano vertical. A Lenny le encantó el instrumento, pero su padre se negó a pagarle clases. Decidido, el muchacho recurrió a sus pequeños ahorros para pagarse un par de lecciones. Desde el comienzo demostró un talento natural, y en el momento de cumplir los 13 años, su padre estaba lo suficientemente impresionado como para comprarle un piano de media cola. El joven Bernstein encontraba inspiración en todas partes y tocaba con una voracidad y una espontaneidad que impresionaba a cualquier persona que lo escuchara. Asistió a la Boston Latin School, donde conoció a su primera verdadera maestra y su mentora de toda la vida, Helen Coates. Después de graduarse, entró en la Universidad de Harvard, donde estudió teoría musical con Arthur Tillman Merritt y contrapunto con Walter Piston. En 1937, asistió a un concierto de la Sinfónica de Boston dirigida por Dimitri Mitropoulos. Bernstein quedó fascinado al ver al calvo hombre griego gesticulando con sus manos, exudando una rara especie de entusiasmo con cada puntuación. En una recepción al día siguiente, Mitropoulos oyó a Bernstein tocar una sonata, y se sintió tan conmovido por las habilidades del joven que lo invitó a asistir a sus ensayos. Leonard pasó una semana con él. Después de la experiencia, ya estaba decidido a hacer de la música el centro de su vida. 



Para perfeccionar su técnica, pasó un año de entrenamiento intensivo en el Curtis Institute of Music de Filadelfia y estudió dirección de orquesta con Fritz Reiner. En 1940, cuando tenía 22 años, el Centro de Música de Berkshire en Tanglewood lo invitó a unirse a otros 300 estudiantes con talento y músicos profesionales para un verano musical de exploración y actuación. Leonard fue uno de los cinco estudiantes aceptados en la clase magistral de conducción, dictada por el famoso Serge Koussevitzky. El hombre se convirtió en una figura paterna para Lenny, fomentando su creencia en el poder y la importancia de la música. A pesar de su pasión y brillo, Bernstein, se encontró sin trabajo después del verano en Tanglewood. Durante un tiempo tomó trabajos ocasionales transcribiendo música, pero luego tuvo un golpe de suerte y se le ofreció el cargo de asistente en la Filarmónica de Nueva York. Debido a la guerra en curso, muy pocos músicos capaces permanecieron en Estados Unidos. Al director Artur Rodzinski le fue recomendado el poco convencional asistente nacido en Estados Unidos y afectado por el asma, Leonard Bernstein. El 14 de noviembre de 1943, Bernstein fue llamado a las 9 de la mañana. El director invitado de la sinfonía, el prestigioso Bruno Walter, estaba enfermo y Rodzinski le ordenó al joven dirigir el concierto de la tarde. Bernstein sorprendió tanto al público como a los intérpretes. Los eufórico aplausos obligaron a The New York Times a publicar un artículo de primera plana sobre su  actuación. Para la noche, Bernstein se había convertido en un respetado director, que dirigiría a la Filarmónica 11 veces más hasta el final de esa temporada. De 1945 a 1947, dirigió la orquesta New York City Center y fue director invitado en los Estados Unidos, Europa e Israel. A pesar de su gran talento, los rumores sobre su sexualidad se tornaron incontrolable. Su mentor Mitropoulos le aconsejó casarse, creyendo que al hacerlo se anularían las especulaciones, asegurando su carrera. En 1951, Bernstein se casó con la actriz chilena Felicia Montealegre Cohn. Aunque amigos y colegas siempre dijeron que Bernstein amaba a su esposa, con la que tuvo tres hijos, continuó teniendo relaciones extramatrimoniales con hombres jóvenes. En ese mismo año, escribió el musical Trouble in Tahiti (1951), una pieza de cámara de 45 minutos sobre una aburrida pareja de clase media-alta.


 

La vida musical de Leonard continuó floreciendo, llevándolo por varias giras internacionales durante la década de 1950. En 1952, fundó el Festival de Artes Creativos en la Universidad de Brandeis. También encontró una pasión en la enseñanza. Los programas de televisión "Omnibus" y "Conciertos para jóvenes" (ganador de un premio Emmy), le permitieron acercarse a un público completamente nuevo. Aficionado tanto a la música clásica como al pop, Bernstein escribió su primera opereta, Candide en 1956. Su segundo trabajo para el teatro fue una colaboración con Jerome Robbins, Arthur Laurents y Stephen Sondheim, el amado musical West Side Story. Cuando se estrenó, el espectáculo recibió unánimes críticas muy favorables, sólo comparables a la versión cinematográfica estrenada en 1961. A pesar de que siguió siendo un gigante de la dirección hasta el final de sus días, Bernstein redujo sus actividades al frente de la batuta en sus últimos años para poder dedicar más tiempo a la composición. Poca de la música de Bernstein de la década de 1970 alcanzó el mismo nivel de popularidad que sus trabajos anteriores; aún así incluye un sustancial trabajo con obras como Misa, la ópera Un lugar tranquilo (1983), y el ciclo de canciones Arias y barcarolas (1988). A lo largo de su carrera fue director invitado en orquestas sinfónicas de los EE.UU. y Europa, y condujo a la Filarmónica de Israel siete veces entre 1947 y 1957. Fue el primer estadounidense en dirigir en el teatro de La Scala de Milán, en 1953. Fue galardonado con el Premio Sonning en Dinamarca, y fue miembro del Instituto Nacional de Artes y Letras. Entre sus composiciones más famosas se incluyen los temas "New York, New York", "Lonely Town", "Some Other Time", "I Can Cook, Too", "I Get Carried Away", "Lucky to Be Me", "Ohio", "A Quiet Girl", "It's Love", "A Little Bit in Love", "Wrong Note Rag", "Glitter and Be Gay", "El Dorado", "The Best of All Possible Worlds", "Maria", "Tonight", "Something's Coming", "I Feel Pretty", "Cool", "America", y "Gee, Officer Krupke".71), algunas de ellas incluidas en sus películas más conocidas: Un día en Nueva York (1949), La ley del silencio (1954) y la citada West Side Story (1961). Leonard Bernstein falleció a los 72 años el 14 de octubre de 1990, en su casa de New York, luego de un ataque cardiaco.

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BERNARD HERRMANN

 


Max Herrmann, conocido artísticamente como Bernard Herrmann, nació el 29 de junio de 1911 en Nueva York en el seno de una familia judía y falleció a causa de un infarto agudo de miocardio el 24 de diciembre de 1975 en North Hollywood (California). Compositor estadounidense de banda sonoras.



Pronto empezó a despuntar en el terreno musical, especialmente en la composición. En 1931 crea su propia orquesta, la New Chamber Orchestra, con la que realizó conciertos de música clásica. Pero la fecha clave de su juventud es 1933, año en el que empezó a trabajar con la Columbia Broadcasting System, poniendo música a programas radiofónicos. Aquí conoce a Orson Welles, que le seduce para trabajar con él en sus programas, siendo uno de ellos La Guerra de los Mundos, emisión basada en la novela de H.G. Welles sobre una invasión extraterrestre que, como todos sabemos, causó gran revuelo. De estos años surge una gran amistad con Welles y cuando en 1941 éste tiene la oportunidad de debutar en el cine, no lo duda y se lleva a Herrmann con él. Estamos hablando de Ciudadano Kane (la primera película de ambos), para la que compuso la banda sonora y estuvo nominado a los Oscar. El premio lo ganaría ese mismo año por su segunda película, El hombre que vendió su alma, su único Oscar.

 


Es curioso que en los años 50 y 60, cuando su carácter se vuelve más depresivo y difícil, sea cuando crea sus mejores obras. En estos años se produce la fértil colaboración del compositor con el legendario director británico Alfred Hitchcock, componiendo algunas inolvidables obras maestras como Con la muerte en los talones (1959), Marnie la ladrona (1964) y a mi parecer, una de las mejoras bandas sonoras de toda la historia del cine, Vértigo (De entre los muertos) (1958). En estos años, también colaboró con otros directores creando bandas sonoras con un marcado estilo romántico, como es el caso de Las nieves del Kilimanjaro (1952), de Henry King. El año 1966 es otro momento clave en su biografía, ya que después de una disputa con Hitchcock por la score de Cortina rasgada (la banda sonora de Herrmann fue sustituida por una partitura del compositor John Addison), abandona Hollywood y se marcha a Europa. 



Durante ocho años aproximadamente estuvo en el viejo continente buscando nuevas experiencias artísticas y formas de trabajar. En este periodo colaboró con Françoise Truffaut, creando la música de dos importantes películas: Fahrenheit 451 (1966) y La novia vestía de negro (1967). Pero en América se le echaba mucho de menos. Eran muchos los directores que admiraban su obra y deseaban trabajar con él. En 1973 regresa a Estados Unidos y Brian de Palma le contrata para dos de sus películas más influenciadas por el estilo de Hitchcock, Hermanas (1972) y Fascinación (1976), dos cintas un tanto turbulentas. Finalmente, en 1975, crea la música para un mítico filme, Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese, que sería su último trabajo para el cine, ya que fallecería poco después de terminar la composición para el filme.



Otras películas para las cuales creó la banda sonora fueron: El 4 mandamiento (1942), Jane Eyre (Alma rebelde) (1944), Ana y el rey de Siam (1946), El fantasma y la Sra. Muir (1947), Ultimátum a la Tierra(1951), Operación Cicerón (1952), Sinuhé el Egipcio(1954), Pero, ¿Quién mató a Harry? (1955), El hombre del traje gris (1956), El hombre que sabía demasiado (1956), Falso culpable (1957), Simbad y la princesa(1958), Viaje al centro de la Tierra (1959), Psicosis (1960), Los tres viajes de Gulliver (1960), La isla misteriosa(1961), El cabo del terror (1962), Suave es la noche (1962), Jason y los Argonautas (1963), Nervios rotos (1968), La batalla del Río Neretva (1969), Noche sin fin (1971) y ¡Estoy vivo! (1974). Herrmann también trabajó para la televisión en el periodo comprendido entre 1955 y 1968. Puso la música para numerosos episodios de series televisivas, como La Ley del revólver, Twilight Zone, El virginiano, Alfred Hitchcock presenta y Convoy, entre otras.

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ELMER BERNSTEIN



Elmer Bernstein, nació el 4 de abril de 1922 en Nueva York y falleció el 18 de agosto de 2004 en Ojai (California). Compositor estadounidense de bandas sonoras.



Inició sus estudios musicales en la Juilliard School of Music, una de las instituciones más reputadas en el campo del conocimiento musical en Estados Unidos. Uno de sus maestros fue Aaron Copland, compositor de obras como "Rodeo: four dance episodies". Copland fue autor de ballets, piezas sinfónicas y también bandas sonoras, por lo que resulta fácil adivinar su influencia en el joven Bernstein en este sentido. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, se incorporó a la orquesta de Glenn Miller, con la que actuó en diversos espectáculos para la animación de las tropas. Con la llegada de la paz, se licenció y prosiguió su formación musical, que paulatinamente lo fue acercando al mundo del cine. Tras varias experiencias en este sentido, tuvo su gran oportunidad cuando Cecil B. De Mille le ofreció en 1955 componer la banda sonora de Los diez mandamientos. En un principio iba a ser Victor Young quien se encargara de escribir esta partitura, pero Bernstein, pese a su juventud, no se sintió cohibido por la responsabilidad ni por el hecho de ser el sustituto de un maestro como Young. 



Antes al contrario, trabajó con diligencia y soltura, ajustándose a las peticiones del exigente De Mille. El resultado final es de una extraordinaria calidad, con pasajes de intensidad épica inigualable. A partir de ese momento, las ofertas de trabajo fueron constantes. En esta primera etapa como compositor cinematográfico, destaca su música para dos películas, Los siete magníficos (1960) y La gran evasión (1963), dirigidas por John Sturges. En ambas partituras se advierte la herencia musical de Copland, particularmente en la primera. El éxito es absoluto y otros cineastas piden a Bernstein composiciones semejantes. Frente a su obra más vibrante y optimista, se sitúan las músicas intimistas que realiza para filmes como Matar a un ruiseñor (1962). En este caso, logra acompañar magistralmente la acción de una película cuya trama, extraordinariamente sensible y dura, requería ese cuidado especial.

 


Pero el tiempo pasa, y aunque recibe un Oscar por su trabajo para Millie, un chica moderna (1967), cierta monotonía comienza a invadir los trabajos de Bernstein. Uno de los motivos quizá sea su excesiva producción. A finales de los 70 y comienzos de los 80 se especializa en componer música de comedia, trabajo en el que no se advierte excesiva ilusión por parte del músico. Descubre en esta etapa el sonido de un instrumento musical electrónico, las ondas Martenot, que su esposa se encarga de manejar. Bernstein utiliza con mucha frecuencia este instrumento, alcanzando cotas de saturación en la banda sonora de una producción Disney, Taron y el caldero mágico (1985). Tras ese período de apatía, recupera su pulso como compositor en los años 90. Compone una excelente partitura de aires irlandeses para el film El prado (1990) y más adelante recupera todo su prestigio con la delicada banda sonora de La edad de la inocencia. A partir de ese trabajo para el director Martin Scorsese, Elmer Bernstein se sitúa nuevamente en la primera fila de los compositores en Hollywood.

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GEORGES DELERUE



Georges Delerue, nació en Roubaix (Francia), el 12 de marzo de 1925, y murió a los 67 años de edad en Los Ángeles (EE UU), el 20 de marzo de 1992. Posiblemente el músico francés que más relevancia ha tenido en la historia del cine, habida cuenta su trayectoria tanto en Francia y su cinematografía, como en Hollywood.

 


El ambiente cultural y musical de su casa y su familia influyeron enormemente en él. Su abuelo dirigió un coro amateur, y su madre fue cantante y pianista. Así, el joven Georges ya estaba tocando el clarinete a los 14 años en el conservatorio de su ciudad, y aunque posteriormente tuvo que entrar a trabajar en una fábrica para ayudar económicamente a su familia, jamás dejó de lado la música, y se enroló en diferentes bandas y grupos musicales. Del clarinete saltó al piano, tutelado por una profesora, y estudió en profundidad a compositores como Bach, Mozart, Beethoven, Chopin y el que resultó ser su inspiración más reverenciada, Richard Strauss. Así, tras un período donde estuvo convaleciente de una enfermedad, decidió ser compositor de manera profesional. El primer e importante paso fue ser aceptado en el Conservatorio de París, donde estudió fuga y composición. Paralelamente a sus estudios, jamás dejó de practicar cada vez que podía, tocando el piano en bodas, eventos, bautizos, fiestas y hasta en bares y restaurantes donde gustaba de interpretar piezas de jazz. 



A finales de los 40 comenzó a componer música para piezas teatrales, colaborando con el Théâtre National Populaire y la Comédie Française, entre otros. Con la llegada de los 50, su actividad se multiplicó y diversificó: composiciones teatrales, oratorios y hasta composiciones para ballet figuran entre su producción para esta década. En 1957 estrenó su primera ópera, consiguiendo un rotundo éxito, lo que harían llover ofertas para nuevos trabajos. Así, decidió probar suerte en el cine, y compuso la música de su primera película, Le bel âge (1960), llamando la atención de un joven director francés que había estrenado su ópera prima ese mismo año. François Truffaut quedó impresionado por la labor de Delerue y estaba al corriente de su trayectoria anterior, por lo que decidió confiarle la tarea de componer la música de su siguiente proyecto. Jules y Jim(1961) marcaría una larguísima y fecunda trayectoria de director y músico, donde la complicidad y el entendimiento serían la base de su longevidad. 



Para su primera película, Delerue creó una melodía en forma de vals que vertebra toda la composición, y que conoce variaciones que le dan distintas tonalidades, desde lo alegre a lo melancólico, según las fases de la película y sus personajes. La película fue un rotundo éxito de crítica, y la banda sonora fue igualmente elogiada y reverenciada. Así, ya en los 60, comenzaba la auténtica carrera de Delerue como compositor de cine, siempre con una actividad incesante y paralela como orquestador y compositor de óperas y ballets. El músico francés era requerido por los mejores directores franceses del momento. Su asociación inamovible con Truffaut no le impidió trabajar con cineastas como Godard en El desprecio (1963), Malle (en ¡Viva Maria! 1965), Resnais o Philippe de Broca, quien sería el otro director con quien más colaboraría. El prestigio de la Nouvelle Vague en todo el mundo provocaría que el nombre de Delerue empezara a ser conocido fuera de Francia. 



Otras cinematografías comenzaron a interesarse por el músico y a proponerle ofertas, siendo Fred Zinnemann el primero en conseguir que aceptara su proyecto, que no era otro que la adaptación de la obra teatral Un hombre para la eternidad (1966). La película británica fue un gran éxito, consiguiendo 6 Oscars, y Delerue demostró su enorme valía tanto en labores de compositor como de orquestador, ya que musicalmente creó la atmósfera histórica perfecta al apoyarse de manera brillante en instrumentos de la época en la que transcurre la película. Algo que quedaría patente en los siguientes proyectos de corte histórico en los que participó, como Ana de los mil días (1969), su primera nominación a los Oscar, o Paseo por el amor y la muerte (1969), en las que Delerue volcaba todo su talento al crear bellísimas melodías y momentos dramáticos apoyándose en instrumentación renacentista o medieval, respectivamente.



En los 70, el compositor estaba a caballo entre el cine más puramente europeo (con colaboraciones con, entre otros, Bernardo Bertolucci) y sus esporádicos proyectos en Hollywood. Prácticamente todos aquellos directores con los que trabajaba siempre querían volver a contar con él, y Truffaut y De Broca aparte, otro de sus fieles fue Fred Zinnemann, quien le llamaría para sus siguientes proyectos de la década, como Chacal (1973) o Julia (1977). Sería en estos años cuando Delerue ganaría su primer Oscar, por la encantadora Un pequeño romance (1979), donde el compositor daba rienda suelta a su vena romántica más elegante y conmovedora. Y por supuesto, su trayectoria con Truffaut seguía regalando maravillosas bandas sonoras del calibre de Las dos inglesas y el amor(1971) o La noche americana (73), tras la cual comenzaría un paréntesis de varios años en los que el cineasta francés trabajaría con otros músicos hasta su reencuentro con Delerue en la siguiente década.



Con la llegada de los 80 el compositor, aunque siempre destacando y siendo inigualable en dramas románticos y melodramas, empezó a probar y a participar en otros géneros que Hollywood le ofrecía. Así, le podemos escuchar en cine negro (Confesiones verdaderas, 1981), en aventuras para toda la familia (Como uña y carne, 1981), en alegatos ecologistas (Silkwood, 1983), o en intrigas religiosas (la maravillosa Agnes de Dios, 1985). También colaboró en dos de las primeras películas de un prometedor director y guionista que sacudió el panorama cinematográfico. Oliver Stone contó con Delerue para Platoon (1986) y Salvador (1986), y el músico le regaló melodías y composiciones oscuras, afligidas y finalmente bellas para retratar el horror de la guerra y los conflictos (aunque para la primera el cineasta dio más preponderancia al Adagio de Barber). El francés proseguía la década con numerosos trabajos en dramas y comedias, siempre volviendo puntualmente al cine francés aun con el fallecimiento, en 1983, de su casi inseparable Truffaut. Es de destacar, sin duda, su excelso trabajo para el monumental díptico sobre la Revolución Francesa en La revolución francesa (1989), cuyo "Himno a la libertad" figura entre uno de sus mejores trabajos y un precioso homenaje a la esencia de la libertad, igualdad y fraternidad.

 


Ya en los 90, Delerue seguiría regalando trabajos que demostraban la plenitud de su talento y su experiencia. Composiciones como las de Joe contra el volcán (1990) o Manto negro (191) mostraban a un músico en la cima de su talento y sus facultades artísticas. Tristemente, tras dejar terminada la música de Rich in love (1992), película dirigida por otro de sus directores habituales como fue Bruce Beresford, sufrió un fulminante ataque cardíaco que le segó la vida y dejó huérfanos a directores, guionistas y cinéfilos en general que disfrutaban de cada nuevo trabajo suyo con expectación y deleite. Ya fuera en Francia, en Inglaterra o en Hollywood, tanto en su primera época como en la última, en sus habituales dramas románticos o en películas de aventuras o de intriga, Georges Delerue siempre fue un referente, un compositor de tantos recursos y sabiduría a la hora de escribir un auténtico guión musical como de escoger con minuciosidad las orquestas, instrumentos y tonos que requerían cada película. Delerue fue, nunca mejor dicho, un verdadero director-compositor, y cineastas como el mismo François Truffaut supieron verlo y darle el margen y la importancia que merecían. Y siempre acertaron.

CARTELES de las películas mencionadas:




















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BURT BACHARACH

Burt Bacharach Freeman, conocido en el mundo artístico como Burt Bacharach , nació el 12 de mayo de 1928 en Kansas City (Missouri) ...

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